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Deber preferente de los padres a educar a sus hijos y educación sexual y afectiva: tensiones y desafíos Imprimir E-mail

foto educacion sexualPor Carmen Domínguez
Directora del Centro UC de la Familia

 

Los padres de familia tienen, en nuestro país, el deber pero también el derecho a educar a sus hijos según sus propias convicciones morales y religiosas. Se trata de un derecho asegurado por nuestras normas.

 

Así, todos los tratados o convenciones que regulan a Chile en esta materia señalan que los padres tienen el deber preferente a educar a sus hijos. Eso es lo que sucede en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

Y esa es la misma situación que existe en los demás países latinoamericanos. Además, si se realiza una revisión global de las legislaciones internas de cada uno de esos países, puede observarse que, con la excepción de cuatro casos, en general no existen problemas relevantes en ellos en cuanto a que la  educación significa el reconocimiento de ese deber preferente. 

 

Sin embargo, como sabemos, la existencia de normas legales no necesariamente asegura el respeto efectivo de los derechos, porque esto depende en gran medida del conocimiento, la comprensión y el ejercicio de estos derechos por parte de sus titulares. Esto es lo que sucede con los derechos concedidos a la familia.

 

Es así como existe un sinnúmero de dificultades y amenazas reconocidas al derecho de los padres a educar a sus hijos. 

 

En primer lugar, destacamos la dificultad de muchos padres de ejercer adecuadamente la tarea por la ausencia de condiciones materiales. El derecho de los padres a educar a sus hijos debe implicar la posibilidad de asistencia y ayuda social para aquellos que lo necesitan.

 

Aquí nos encontramos con una de las primeras dificultades que el ejercicio efectivo de este derecho significa para muchos padres en América Latina, ya que carecen de la educación necesaria para guiar a sus hijos o carecen de medios específicos para que ella sea efectiva o, simplemente, tienen oportunidades limitadas de tiempo o espacio a cumplir dicha función, siendo presionados por la necesidad de trabajar en un horario absolutamente incompatible con la vida familiar. Y esto no es una realidad excepcional, por el contrario, es un hecho muy importante si tenemos en cuenta que, en la mayoría de estos países, la familia no es un eje de la política pública y no hay políticas para ayudar en la conciliación de trabajo y familia. Las necesidades básicas urgentes no están cubiertas en miles de familias lo que determina la necesidad de trabajar donde sea posible, sin una posibilidad de tener una verdadera vida familiar.

 

Por otra parte, se han generado, en diferentes países, algunos conflictos con el Estado en relación con el deber preferente de los padres a educar a sus hijos. Algunos de ellos están relacionados con la educación religiosa con el fin de obtener el reconocimiento público de los derechos de los padres a elegir la escuela de acuerdo a sus convicciones religiosas o, en sentido contrario, para tener el reconocimiento del derecho a que no les impongan la educación religiosa a sus hijos.

 

Otros conflictos han surgido en relación a la educación sexual de sus hijos. Al respecto, la jurisprudencia de los países latinoamericanos ha reconocido la importancia de la educación sexual en la formación de la persona. Sin embargo, muchos padres han levantado la voz para obligar al Estado a reconocer que la educación sexual debe respetar los valores que ellos quieren transmitir a sus hijos.

 

Un primer foco de conflicto ha surgido con la entrega de la píldora del día después a menores de edad en el sistema de salud pública sin el consentimiento o información de los padres. En Chile, esto llevó a cuestionar la constitucionalidad de esa decisión al sostener que se violaba el derecho de los padres, alegación que fue desechada por el Tribunal Constitucional  pero sin negar que el deber preferente debe ser respetado. Así sostuvo que “la educación sexual es, por cierto, un aspecto de la educación en el que cobran relevancia especial los valores en que se fundamenta, y de ella no puede excluirse a los padres de los menores que la reciban, lo que sería inconstitucional… las “Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad”, que son parte integrante del mencionado decreto, no vulneran el derecho de los padres a educar a sus hijos ni les impiden el cumplimiento del deber que les incumbe, al establecer la consejería a adolescentes en un marco de confidencialidad sin consentimiento ni conocimiento de los padres…ello porque ni impiden “a los padres de las adolescentes escoger el establecimiento educativo de sus hijas ni transmitir a éstas conocimientos y valores sobre la vida sexual, lo que es suficiente para rechazar el requerimiento en esta parte, sin que dichas normas vulneren el ejercicio legítimo de los derechos de las adolescentes, que también debe ser respetado”(sentencia Tribunal Constitucional 1 de abril de 2015, Rol 2787-15).

 

Otra área de conflicto ha surgido en relación a ciertos cursos de educación sexual. En efecto, siguiendo de cerca el modelo español del curso de educación para la ciudadanía -una materia obligatoria introducida en la enseñanza primaria y secundaria bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero en 2006-  en algunos países se han implantado o se están tratando de implementar, desde el Estado, cursos de educación sexual que se imparten en la enseñanza primaria o secundaria. Ciertos contenidos de éstos son contrarios a la comprensión de la sexualidad y la afectividad, no sólo de la antropología católica sino de muchas confesiones religiosas. Esto es lo que sucede con la promoción de la homosexualidad o la orientación sexual como una opción válida.

 

Esto es lo que ha ocurrido en la Argentina con la educación sexual desde 2006, establecida como un deber tanto en las instituciones públicas y privadas. Desde entonces, una gran cantidad de material ha sido desarrollado para aquellos cursos que incluyen el género, la identidad de género, orientación sexual e incluso algunos se refieren a la elección transgénero, ignorando el proyecto educativo elegido por los padres.

 

Lo mismo ha ocurrido en Chile, con un libro publicado por una organización, patrocinado por la entidad encargada de la red de jardines infantiles de Chile en el que se cuenta la historia de un niño Nicolás que tiene dos papás. Habiendo sido interpuesto una acción de amparo por algunos padres para que se impidiese su distribución, la Corte la rechaza por entender que no había un actuar arbitrario ni ilegal de esa repartición en cuanto no sólo se limitó a patrocinar el libro sin forzar a ningún jardín a recibirlo y leerlo a los niños. No obstante, en la misma sentencia se afirma de forma clara el deber preferente de los padres, decidiendo que esa distribución debe hacerse en consonancia con ese deber y sin que pueda omitirlo: “la elaboración, producción, edición y distribución del cuento en comento corresponde entera y exclusivamente al Movilh, institución que lo entregará solo a solicitud de parte interesada y que, respetando el derecho y deber preferente de los padres y apoderados sobre la educación de los menores que asisten a los jardines infantiles bajo supervisión de la Junji, son ellos en conjunto con los equipos pedagógicos de esos establecimientos quienes pueden voluntariamente y en la medida que así lo acuerden, realizar el pertinente requerimiento a dicha organización privada, sin intervención de la Junji” e insiste en que “El grado de participación de padres y apoderados es fundamental en la materia que nos ocupa, pues son ellos los que junto con las unidades pedagógicas respectivas, habrán de decidir si el libro “Nicolás tiene dos papás” será o no requerido al Movilh como material de estudio en el establecimiento educacional. En el texto ministerial se especifican cinco niveles de participación: informativo; colaborativo; consultivo; toma de decisiones en relación a objetivos,  acciones y recursos; y control de eficacia. Es una manera de institucionalizar el derecho preferente y el deber de los padres de educar a sus hijos. (Corte de Apelaciones de Valparaíso, veinticinco de marzo de dos mil quince, autos rol n° 2838-2014 y acumulado 3111-2014).

 

Más recientemente, con la polémica suscitada en Chile a raíz del Manual de Sexualidad publicado por la Municipalidad de Santiago, queda claro que el debate no es si el Estado debe o no dar contenidos relativos a la Educación Sexual. Eso ya es una política que está aprobada por parte del Estado y, por lo tanto, se insertó como parte del currículum obligatorio y parece ser que evidentemente es un contenido que tiene que existir porque tenemos que tratar de darle educación en sexualidad y afectividad a los niños en las distintas instancias de desarrollo de su vida.

 

El problema es que esa educación sexual tiene que conciliarse con el deber y el derecho que tienen los padres como primeros educadores tal cual  lo garantiza nuestra Constitución, se les reconoce en los tratados internacionales y la legislación existente. Por lo tanto, no puede haber un contenido de educación sexual que prescinda de la opinión de los padres, que fue lo que sucedió en este caso pues ellos no fueron consultados por la autoridad que lo publicó. Por otra parte, esos contenidos deben tener base científica, deben cumplir con las mismas varas de exigencias académicas que se le pide a cualquier otro contenido que es entregado en la educación. 

 

En el caso de este manual, surge evidente que la educación sexual requiere de un contexto que ayude a los jóvenes a discernir. Requiere que no sólo se hable de las funciones biológicas, del aparato reproductor, que es un tipo de contenido que debe ser expuesto. Requiere no simplemente aludir a las distintas manifestaciones posibles de la sexualidad, sino que poner en contexto para qué tenemos sexualidad, cual es el rol de la misma, cómo ella se logra integrar de manera adecuada en la vida, en las diferentes etapas del desarrollo, para que esa sexualidad se construya progresivamente y crezca con la propia madurez del niño. Y eso es precisamente de lo que ha carecido este manual, que se limita a referir un conjunto de preguntas y respuestas que no están puestas en el contexto  del amor humano y que, por lo mismo,  muchas veces quedan presentadas como una verdadera agresión a la formación que los padres quisieran para sus hijos.

 

 

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