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Buena relación Familia-Escuela = Felicidad y buen rendimiento escolar Imprimir E-mail

familia escuelaTareas para la casa, reuniones de apoderados, citaciones del Centro de Padres, Kermesses, escuelas para padres, etc., etc., etc. Todas estas actividades se transforman, muchas veces, en dolores de cabeza para los padres. Sin embargo, se ha demostrado que el involucrar a los apoderados en la educación de sus hijos tiene grandes beneficios para los estudiantes.

 

Por Cecilia Corbalán
Coordinadora Ejecutiva Centro UC de la Familia y Conductora del Programa “Construyendo Familia” en Radio María

 

Muchos abogan hoy en día por prohibir las tareas para la casa. Argumentan que los niños están cansados, sobrecargados y estresados. Sostienen que necesitan más tiempo para descansar y jugar y que, además, las tareas significan un problema para los padres que trabajan pues, dicen, ellos deben llegar en la noche, cansados, a preocuparse de las tareas y deberes escolares de sus hijos.

 

Sin embargo, dos de las especialistas en educación que participaron recientemente en el Programa “Construyendo Familia” que el Centro UC de la Familia emite los días viernes a través de Radio María, sostienen que, cuando las tareas y trabajos para la casa son bien planificados y diseñados, significan un gran aporte para mejorar la relación entre hijos y padres pues, según explican, el involucrar a los padres en la educación de los hijos mejora el rendimiento escolar y la autoestima de los niños, entre otras cosas.

 

La profesora Malva Villalón, de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile, explicó en Radio María que existen distintos tipos de tareas o trabajos para la casa. Aquellos que son planificados por los profesores dentro del contexto de las materias que se están pasando en clases, para complementar y enriquecer lo que están aprendiendo los niños en la escuela y que son enviados con la suficiente antelación a la fecha de entrega a las casas, les dan la posibilidad a los estudiantes de trabajar en conjunto con sus padres, planificando la mejor forma de resolver los desafíos que se les plantean desde el colegio. Esto, indudablemente, permite que los padres se involucren en el proceso educativo de sus hijos, ayudando al niño a resolver de la mejor manera posible la tarea. En conjunto con los niños, los padres pueden proponer ideas novedosas para realizar el trabajo, como por ejemplo, visitar un museo o conseguir libros interesantes de dónde obtener las respuestas y revisarlos juntos, estimulando al niño a aprender. Esta interacción enriquece a los niños, motivándolos a aprender con cariño y mejorando, de paso, su relación familiar.

 

Esta misma visión es la que tuvieron en la Fundación CAP cuando crearon el programa “Aprender en Familia” en el año 2010. Ellos se dieron cuenta de que al intensificar la presencia de los padres en la educación de sus hijos se producía un mejoramiento del rendimiento escolar de los niños. Revisando experiencias a nivel internacional, la Fundación proyectó un programa para mejorar la relación entre la familia y la escuela. Ese programa ya tiene seis años de vida y, hace pocos días, se dieron a conocer los resultados de la primera evaluación científica a la que se someten.

 

Teresa Izquierdo, Directora de Educación del “Aprender en Familia”, contó en Radio María que los resultados de la evaluación realizada por J-PAL (Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab), centro fundado en el MIT, demostraron que el hecho de involucrar a los padres en la educación de sus hijos mostró resultados significativos en las distintas variables evaluadas, como, por ejemplo, apoyo en el aprendizaje, convivencia en el hogar, relación padre e hijo, puntajes SIMCE, lectura, asistencia escolar y disminución de la violencia. 

 

El estudio comparó, durante tres años, a 26 escuelas municipalizadas en las cuales se aplicaba el programa “Aprender en Familia”, con otras 36 donde no se aplicó. Al cabo de los tres años, los resultados demostraron que el trabajo de fortalecimiento de la relación familia-escuela tiene un alto impacto tanto al interior de la familia como también en el propio ambiente escolar, lo que propicia que se generen interacciones más positivas y provechosas entre los padres de los estudiantes y sus profesores. 

 

Como lo señala el informe de J-PAL, el programa “Aprender en Familia” logró implementarse con fidelidad a su diseño y cumplir plenamente con su objetivo principal. Su evaluación demuestra resultados estadísticamente significativos en las dimensiones evaluadas, destacando el hecho de que los apoderados que participaron declararon contar con más y mejores herramientas para apoyar a sus hijos, además de mostrarse más involucrados en lo que les sucede; son más quienes tras el programa dicen saber dónde están sus hijos y conocer a sus amigos más cercanos. Asimismo, aumentan los padres que saben qué programas de TV ven sus hijos y se fijan en los juegos o páginas web que ocupan en el computador. Todos indicadores muy importantes para mejorar su desarrollo y aprendizaje escolar.

 

Destacó también la variable apoyo a la lectura, donde los estudiantes que recibieron el programa aumentaron su interés y gusto por leer, tanto en casa como en la escuela. También se observó un promedio más alto de días a la semana en que realizan esta actividad, ya sea con diarios, revistas o libros. 

 

Otro resultado importante de la evaluación, fue la disminución en los índices de violencia. El informe arrojó que un 12% menos de niños de las escuelas que recibieron el programa “Aprender en Familia” reconoció haber comenzado una pelea con otro compañero o haber molestado en grupo, como así también se observó una disminución al preguntar si han presenciado o sufrido golpes en su casa. Esto es corroborado por profesores quienes aprecian menos conflictos en clases y manifiestan que sus estudiantes los tratan a ellos con más respeto.

 

De esta forma, podemos concluir que, como lo demuestra el ejemplo del “Aprender en Familia”, a pesar de que muchas veces los padres estamos cansados y nos sentimos sobrepasados por las demandas que nos llegan desde el colegio, vale la pena hacer el esfuerzo. Así lo demuestran también diversas investigaciones que señalan que la participación activa de los padres en la educación de sus hijos es garantía de buenos resultados académicos (Ballen & Moles, 1994; Eurydice, 1997; CIDE – UNICEF, 2000; Akinlolu, 2002).

 

No cabe duda entonces: la invitación es a sumarse al trabajo de la escuela, ya que está demostrado que el efecto de las familias en la educación es determinante, siendo prácticamente igual o más influyente que el efecto de las escuelas al explicar los logros académicos de los niños.

 

 
¿Por qué es importante estudiar a la familia? Imprimir E-mail

Diplomado Familia y Sociedad 2017Actualmente es común observar una atribución cruzada de culpas entre la familia y la escuela, quienes, más aun en estos tiempos, están en una lucha constante respecto a cuáles son los deberes de cada quien, mientras que el niño o estudiante observa desde abajo el debilitamiento de las figuras de autoridad que lo rodean. Esa es una realidad que día a día  se vive al interior de la mayoría de los establecimientos educacionales de nuestro país.  

 

Patricia Gatica Díaz
Psicóloga educacional y Coordinadora Académica Diplomado Familia y Sociedad 2016  

 

Hace aproximadamente 7 años que trabajo en establecimientos educacionales de diversas características y creo que nunca había entendido a los estudiantes y sus familias como lo hago ahora, y esto se debe principalmente al Diplomado de Familia y Sociedad realizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, el cual tuve la oportunidad  de coordinar y realizar. Fue una experiencia maravillosa, no solo por haber tenido la posibilidad de obtener una especialización  a través de excelentes profesionales, quienes fueron una fuente de inspiración por su calidad docente y humana, sino que, además, me brindó la  oportunidad de ampliar la mirada hacia las familias, visualizándolas desde distintas perspectivas y disciplinas.

 

Se convirtió finalmente en una herramienta fundamental para trabajar en el área educacional,  reconociendo a la familia como la base de todo,   como  una escuela de competencias para el trabajo, donde se forja la fuente para el capital humano. Me permitió además tener una mirada integral y reflexiva  a nivel  incluso jurídico, analizando hacia dónde va  el derecho de familia, cuales son las problemáticas que tiene la regulación del derecho de familia actual, etc.

 

Sin duda alguna la experiencia del diplomado ha sido una de las especializaciones más completas que he podido realizar, creo que como profesionales tenemos la responsabilidad y el deber indiscutible de continuamente perfeccionarnos para estar en sintonía con los cambios y procesos que presenta nuestra sociedad, puesto que aquel profesional  que  mantiene un conocimiento acabado de la familia, sus dinámicas, sus funciones y su interacción con otras redes, podrá comprender de mejor manera los resultados en términos pedagógicos, conductuales, emocionales y sociales que mantiene una comunidad educativa y sus miembros, sentando  así las bases para construir en conjunto una mejor sociedad.

 

 

 

 
La comunicación en la pareja: compartir el mundo Imprimir E-mail

ankeEtimológicamente, la palabra comunicación deriva del latín communicare, que significa “compartir algo, poner en común”. De esta condición nace la comprensión de la comunicación como un proceso que siempre se da entre dos o más personas para compartir su mundo de significados. En ese sentido, la comunicación representa el medio más eficiente para que una persona se exprese y obtenga a la vez retroalimentación acerca de si misma.

 

Angelina Dois
Profesora Escuela Enfermería UC e integrante del Comité Ejecutivo del Centro UC de la Familia

 

La comunicación puede desarrollarse de múltiples formas, las más importantes son la comunicación verbal, que puede realizarse de forma oral o escrita, y la comunicación no verbal que se refiere a la transmisión de mensajes a través de gestos, expresiones faciales y lenguaje corporal, entre otros.  

 

En la pareja, la comunicación actúa como un facilitador que permite organizar la relación, tomar decisiones, distribuir funciones y roles y crear una visión compartida de la realidad y a la vez define el tipo y la calidad de la relación que se establece entre los miembros de la pareja. Por otro lado, es también una parte importante de la calidad de vida de las personas.

 

Existe una serie de factores que influyen en la forma en que una pareja se comunica. Entre los factores que actúan como barreras de la comunicación y/o que impiden que un miembro de la pareja se comunique con el otro es posible distinguir la influencia que tiene el propio pensamiento, es decir, pensar u observar que el otro tiene una personalidad negativa, haciendo referencia a características tales como mal carácter, estrés, enojo, etc. También obstaculiza la comunicación la falta de sinceridad u honestidad que uno de los integrantes de la pareja percibe del otro miembro, lo que genera desconfianza e impide sentir a la otra persona como íntima. Esto puede verse agravado si uno de los integrantes de la pareja se muestra tímido o inseguro sin motivo aparente lo que aumenta la incertidumbre y desconfianza en el otro. Por último, se debe mencionar la monotonía, que se relaciona con el impacto que las rutinas diarias tienen en la vida de los individuos, que influye en que la persona sienta que no tiene cosas nuevas que contarle al otro o que puede anticiparse a sus respuestas y conocer de antemano lo que va a suceder.

 

Sin embargo, existen otros factores que actúan como facilitadores de la comunicación, entre los que se puede mencionar, la actitud positiva y respeto hacia el otro, que se revela con un estilo de comunicación que se caracterice por la amabilidad, la educación, la comprensión y el afecto. Así también, la complementariedad con el otro, les permite construir formas de relación caracterizadas por estilos empáticos de comunicación y, por último, la capacidad de negociación, donde la comunicación es bidireccional y ambos miembros de la pareja buscan conocer la opinión del otro, de forma que alcancen un acuerdo que considere el punto de vista y la opinión de cada uno. 

 

La mayoría de los errores que se suele cometer en la comunicación de pareja tiene que ver con que uno o ambos miembros de la pareja no saben expresarse adecuadamente o no consideran el punto de vista de la otra persona. El resultado de pautas erróneas de comunicación de pareja puede debilitar la relación, hasta el punto de la ruptura en muchos casos, por lo que es importante prestar atención a la forma y el modo en que se da la comunicación.

 

Es por ello que, independientemente del estilo de comunicación que predomine en una pareja, la mejor forma de perfeccionar su comunicación es haciendo uso de la asertividad y de la empatía.

 

La asertividad es la capacidad para expresar las propias ideas, deseos, sentimientos y emociones de manera tal que no lesione la dignidad del otro, eligiendo el momento adecuado, la forma correcta y de una manera socialmente aceptada.

 

A su vez, la empatía es la actitud en virtud de la cual, una persona hace el esfuerzo de comprender la experiencia única de la otra persona, es decir, significa ponerse en el lugar de la otra persona y de esa manera sintonizar con sus emociones, lo que permite responder en forma adecuada al mensaje que esa persona ha enviado. En otras palabras, significa comprender la situación desde el punto de vista del otro en vez de reaccionar a él. La empatía permite validar los sentimientos y vivencias contenidos en el mensaje que ha sido transmitido.

 

A partir de ambas actitudes se construye un requisito ineludible para desarrollar una comunicación de pareja nutricia que es la capacidad de sus integrantes de escucharse activamente, lo que significa estar física y psicológicamente presentes en la situación. Esto implica muchas veces dejar de hacer otras cosas y disponerse a escuchar al otro, haciéndole saber con gestos y/o palabras que se está atento al mensaje que se está transmitiendo. 

 

Para escuchar activamente se debe estar atento a algunas trampas de la comunicación que pueden interferir en el proceso. La primera de ellas es la ansiedad relacionada con la necesidad de reaccionar al mensaje que se está escuchando ya sea para defenderse o simplemente por el impulso de contestar rápidamente; la segunda trampa es la tendencia a generalizar el mensaje que se está recibiendo con frases del tipo “a todos les pasa lo que a ti”. La tercera es la tendencia a juzgar lo que el otro dice, imponiendo la propia escala de valores o refugiándose en normas pre-establecidas que definen un modo de actuar particular con frases del tipo “lo que hiciste está mal” o “lo que tú debes hacer es”, que no contribuyen a que la persona se sienta validada y escuchada. Por último, la cuarta trampa que nos impide escuchar activamente es la impaciencia y la impulsividad de quien escucha que dificultan la expresión correcta del mensaje y hace que aumenten las posibilidades de error en su comprensión.

 

Escuchar en forma activa y ser empático con la pareja desde el inicio de la relación contribuye a construir la confianza necesaria para enfrentar los desafíos de la vida en común.

 

 
Deber preferente de los padres a educar a sus hijos y educación sexual y afectiva: tensiones y desafíos Imprimir E-mail

foto educacion sexualPor Carmen Domínguez
Directora del Centro UC de la Familia

 

Los padres de familia tienen, en nuestro país, el deber pero también el derecho a educar a sus hijos según sus propias convicciones morales y religiosas. Se trata de un derecho asegurado por nuestras normas.

 

Así, todos los tratados o convenciones que regulan a Chile en esta materia señalan que los padres tienen el deber preferente a educar a sus hijos. Eso es lo que sucede en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño.

 

Y esa es la misma situación que existe en los demás países latinoamericanos. Además, si se realiza una revisión global de las legislaciones internas de cada uno de esos países, puede observarse que, con la excepción de cuatro casos, en general no existen problemas relevantes en ellos en cuanto a que la  educación significa el reconocimiento de ese deber preferente. 

 

Sin embargo, como sabemos, la existencia de normas legales no necesariamente asegura el respeto efectivo de los derechos, porque esto depende en gran medida del conocimiento, la comprensión y el ejercicio de estos derechos por parte de sus titulares. Esto es lo que sucede con los derechos concedidos a la familia.

 

Es así como existe un sinnúmero de dificultades y amenazas reconocidas al derecho de los padres a educar a sus hijos. 

 

En primer lugar, destacamos la dificultad de muchos padres de ejercer adecuadamente la tarea por la ausencia de condiciones materiales. El derecho de los padres a educar a sus hijos debe implicar la posibilidad de asistencia y ayuda social para aquellos que lo necesitan.

 

Aquí nos encontramos con una de las primeras dificultades que el ejercicio efectivo de este derecho significa para muchos padres en América Latina, ya que carecen de la educación necesaria para guiar a sus hijos o carecen de medios específicos para que ella sea efectiva o, simplemente, tienen oportunidades limitadas de tiempo o espacio a cumplir dicha función, siendo presionados por la necesidad de trabajar en un horario absolutamente incompatible con la vida familiar. Y esto no es una realidad excepcional, por el contrario, es un hecho muy importante si tenemos en cuenta que, en la mayoría de estos países, la familia no es un eje de la política pública y no hay políticas para ayudar en la conciliación de trabajo y familia. Las necesidades básicas urgentes no están cubiertas en miles de familias lo que determina la necesidad de trabajar donde sea posible, sin una posibilidad de tener una verdadera vida familiar.

 

Por otra parte, se han generado, en diferentes países, algunos conflictos con el Estado en relación con el deber preferente de los padres a educar a sus hijos. Algunos de ellos están relacionados con la educación religiosa con el fin de obtener el reconocimiento público de los derechos de los padres a elegir la escuela de acuerdo a sus convicciones religiosas o, en sentido contrario, para tener el reconocimiento del derecho a que no les impongan la educación religiosa a sus hijos.

 

Otros conflictos han surgido en relación a la educación sexual de sus hijos. Al respecto, la jurisprudencia de los países latinoamericanos ha reconocido la importancia de la educación sexual en la formación de la persona. Sin embargo, muchos padres han levantado la voz para obligar al Estado a reconocer que la educación sexual debe respetar los valores que ellos quieren transmitir a sus hijos.

 

Un primer foco de conflicto ha surgido con la entrega de la píldora del día después a menores de edad en el sistema de salud pública sin el consentimiento o información de los padres. En Chile, esto llevó a cuestionar la constitucionalidad de esa decisión al sostener que se violaba el derecho de los padres, alegación que fue desechada por el Tribunal Constitucional  pero sin negar que el deber preferente debe ser respetado. Así sostuvo que “la educación sexual es, por cierto, un aspecto de la educación en el que cobran relevancia especial los valores en que se fundamenta, y de ella no puede excluirse a los padres de los menores que la reciban, lo que sería inconstitucional… las “Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad”, que son parte integrante del mencionado decreto, no vulneran el derecho de los padres a educar a sus hijos ni les impiden el cumplimiento del deber que les incumbe, al establecer la consejería a adolescentes en un marco de confidencialidad sin consentimiento ni conocimiento de los padres…ello porque ni impiden “a los padres de las adolescentes escoger el establecimiento educativo de sus hijas ni transmitir a éstas conocimientos y valores sobre la vida sexual, lo que es suficiente para rechazar el requerimiento en esta parte, sin que dichas normas vulneren el ejercicio legítimo de los derechos de las adolescentes, que también debe ser respetado”(sentencia Tribunal Constitucional 1 de abril de 2015, Rol 2787-15).

 

Otra área de conflicto ha surgido en relación a ciertos cursos de educación sexual. En efecto, siguiendo de cerca el modelo español del curso de educación para la ciudadanía -una materia obligatoria introducida en la enseñanza primaria y secundaria bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero en 2006-  en algunos países se han implantado o se están tratando de implementar, desde el Estado, cursos de educación sexual que se imparten en la enseñanza primaria o secundaria. Ciertos contenidos de éstos son contrarios a la comprensión de la sexualidad y la afectividad, no sólo de la antropología católica sino de muchas confesiones religiosas. Esto es lo que sucede con la promoción de la homosexualidad o la orientación sexual como una opción válida.

 

Esto es lo que ha ocurrido en la Argentina con la educación sexual desde 2006, establecida como un deber tanto en las instituciones públicas y privadas. Desde entonces, una gran cantidad de material ha sido desarrollado para aquellos cursos que incluyen el género, la identidad de género, orientación sexual e incluso algunos se refieren a la elección transgénero, ignorando el proyecto educativo elegido por los padres.

 

Lo mismo ha ocurrido en Chile, con un libro publicado por una organización, patrocinado por la entidad encargada de la red de jardines infantiles de Chile en el que se cuenta la historia de un niño Nicolás que tiene dos papás. Habiendo sido interpuesto una acción de amparo por algunos padres para que se impidiese su distribución, la Corte la rechaza por entender que no había un actuar arbitrario ni ilegal de esa repartición en cuanto no sólo se limitó a patrocinar el libro sin forzar a ningún jardín a recibirlo y leerlo a los niños. No obstante, en la misma sentencia se afirma de forma clara el deber preferente de los padres, decidiendo que esa distribución debe hacerse en consonancia con ese deber y sin que pueda omitirlo: “la elaboración, producción, edición y distribución del cuento en comento corresponde entera y exclusivamente al Movilh, institución que lo entregará solo a solicitud de parte interesada y que, respetando el derecho y deber preferente de los padres y apoderados sobre la educación de los menores que asisten a los jardines infantiles bajo supervisión de la Junji, son ellos en conjunto con los equipos pedagógicos de esos establecimientos quienes pueden voluntariamente y en la medida que así lo acuerden, realizar el pertinente requerimiento a dicha organización privada, sin intervención de la Junji” e insiste en que “El grado de participación de padres y apoderados es fundamental en la materia que nos ocupa, pues son ellos los que junto con las unidades pedagógicas respectivas, habrán de decidir si el libro “Nicolás tiene dos papás” será o no requerido al Movilh como material de estudio en el establecimiento educacional. En el texto ministerial se especifican cinco niveles de participación: informativo; colaborativo; consultivo; toma de decisiones en relación a objetivos,  acciones y recursos; y control de eficacia. Es una manera de institucionalizar el derecho preferente y el deber de los padres de educar a sus hijos. (Corte de Apelaciones de Valparaíso, veinticinco de marzo de dos mil quince, autos rol n° 2838-2014 y acumulado 3111-2014).

 

Más recientemente, con la polémica suscitada en Chile a raíz del Manual de Sexualidad publicado por la Municipalidad de Santiago, queda claro que el debate no es si el Estado debe o no dar contenidos relativos a la Educación Sexual. Eso ya es una política que está aprobada por parte del Estado y, por lo tanto, se insertó como parte del currículum obligatorio y parece ser que evidentemente es un contenido que tiene que existir porque tenemos que tratar de darle educación en sexualidad y afectividad a los niños en las distintas instancias de desarrollo de su vida.

 

El problema es que esa educación sexual tiene que conciliarse con el deber y el derecho que tienen los padres como primeros educadores tal cual  lo garantiza nuestra Constitución, se les reconoce en los tratados internacionales y la legislación existente. Por lo tanto, no puede haber un contenido de educación sexual que prescinda de la opinión de los padres, que fue lo que sucedió en este caso pues ellos no fueron consultados por la autoridad que lo publicó. Por otra parte, esos contenidos deben tener base científica, deben cumplir con las mismas varas de exigencias académicas que se le pide a cualquier otro contenido que es entregado en la educación. 

 

En el caso de este manual, surge evidente que la educación sexual requiere de un contexto que ayude a los jóvenes a discernir. Requiere que no sólo se hable de las funciones biológicas, del aparato reproductor, que es un tipo de contenido que debe ser expuesto. Requiere no simplemente aludir a las distintas manifestaciones posibles de la sexualidad, sino que poner en contexto para qué tenemos sexualidad, cual es el rol de la misma, cómo ella se logra integrar de manera adecuada en la vida, en las diferentes etapas del desarrollo, para que esa sexualidad se construya progresivamente y crezca con la propia madurez del niño. Y eso es precisamente de lo que ha carecido este manual, que se limita a referir un conjunto de preguntas y respuestas que no están puestas en el contexto  del amor humano y que, por lo mismo,  muchas veces quedan presentadas como una verdadera agresión a la formación que los padres quisieran para sus hijos.

 

 
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