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Proyecto de aborto en tres causales: un retroceso en la tutela de la persona Imprimir E-mail

CarmenDominguezPor Carmen Domínguez
Directora del Centro UC de la Familia

 

El principio cardinal sobre el que se asienta todo nuestro ordenamiento jurídico es el reconocimiento del respeto absoluto a la dignidad intrínseca de la persona, de la cual emana un catálogo de derechos y garantías que persiguen, entre otros, velar  por la integridad de aquellos más débiles, de los que no pueden defenderse por sí mismos, incluyendo, en primer lugar al que “está por nacer” que es como el derecho chileno denomina a la criatura que está en gestación.

 

Hoy, este principio esencial se ve gravemente amenazado con la aprobación en el Senado, el pasado 25 de enero, de la idea de legislar sobre  el proyecto de interrupción del embarazo en tres causales y que permitiría la realización de abortos en caso de inviabilidad fetal, riesgo de vida de la madre y violación.

 

Esta propuesta supone una involución de nuestro ordenamiento jurídico, puesto que se contradice radicalmente con los principios de cuidado y defensa de la persona, protección concedida desde la concepción como ya hemos señalado. Este principio de protección al que está por nacer forma parte de la tradición jurídica de nuestro país pues se inicia con el Código Civil de 1855 y se ha visto reforzada a través del tiempo en todos las materias donde su tutela se hace relevante (penal, laboral, etc.) y se verá elevada a rango constitucional en la Constitución vigente. Por lo mismo, introducir el aborto en Chile supone romper, de forma grave, esa tradición que nos ha caracterizado como país.

 

Además,  no sólo desampara a aquel que está por nacer, sino también a aquellas mujeres que se encuentran embarazadas a las que se refiere el proyecto de ley y que, obviamente, están sometidas a una situación límite en los tres casos contemplados por él. Ese es el  contexto que las empuja a enfrentarse a la alternativa de concretar un aborto.

 

Desde este punto de vista, el proyecto se desliga de darles debida protección y abandona a aquellas mujeres, endosándoles la carga de decidir si eliminar o no al hijo que han concebido. En vez de ofrecer acompañamiento y alternativas que no las pongan jamás en esa tesitura, el Estado opta por permitir que se encuentren en ella a sabiendas de que en nuestro país existen alternativas plenamente viables, que le permitirían evitar llegar al aborto en  cada una de las causales a la que refiere el proyecto.

 

Con respecto a la primera causal, la praxis médica chilena ha sido suficiente hasta hoy para resolver esta tensión, pues, frente al riesgo real y cierto de la muerte inminente, se permite realizar acciones cuyo objetivo sea evitar la muerte materna aunque ello pueda tener como efecto no querido la muerte de su hijo. Por tanto, si a consecuencia de ello se llegase a producir la inevitable pérdida del nasciturus es preciso comprender que tal conducta no es, bajo ningún concepto, una práctica abortiva y, por lo mismo, no se encuentra sancionada en nuestra legislación. De hecho, se realiza frecuentemente en Chile y sin que hasta ahora ningún médico haya sido sancionado por ello.

 

En relación a las otras dos causales que contempla el proyecto, podemos encontrar sistemas de acompañamiento médico vigentes y con resultados probados, que le permiten a la mujer llevar a término el embarazo con la menor afectación posible a su integridad física y síquica. De ahí que no sea posible asegurar que la única solución posible para estas situaciones ya mencionadas sea la de permitir dar muerte a su propio hijo.

 

Estamos entonces frente a actos evidentes de desprotección a la madre embarazada. Y, al desprotegerla, se infringe el principio de igualdad, porque se le asigna una carga notoriamente injusta, si se tiene presente desde que se reconoce que está en una situación límite o dramática, no puede hablarse de un auténtico marco de plena autonomía. O, al menos, debe concederse que existe una duda razonable de si ella se encuentra dentro de contexto posible para hablar de una plena autonomía. En efecto ¿puede afirmarse que la mujer cuya vida está en riesgo, que aquella a la que se le ha representado que su hijo tiene riesgo grave de morir o a una que ha sido violada tiene una real oportunidad de optar en estos casos libremente? Es indudable que no, por las propias premisas sobre las que el proyecto razona: son situaciones dramáticas. Si es así, endosarle la carga de decidir es agravar la situación en la que se encuentra.

 

Otro comentario que suscita este proyecto de ley, no menos importante, es que no se han planteado las formas concretas en que se dará aplicación a la práctica del aborto que se pretende autorizar. Hasta el momento, el proyecto guarda silencio sobre las técnicas por medio de las cuales se materializarían estos hechos, lo que resulta necesario de transparentar ante la gran cantidad de métodos diversos que existen y cuya  práctica agrava, en muchos casos,  el sufrimiento fetal.

 

A este respecto es importante recordar que el Artículo 19 número 1 de la Constitución establece que “se asegura a todas las personas el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona” incluyendo que “la ley protege la vida del que está por nacer” y que en todos los casos “se prohíbe la aplicación de todo apremio ilegítimo”, y que a la vista del Código Penal se sanciona como tortura.

 

Ante esto, es un requisito vital que el legislador se haga cargo y se pronuncie sobre las técnicas que se utilizarían, ya que la crueldad de los distintos métodos es variable, muchas de ellas causantes de un gran sufrimiento para el no nacido.

 

Por todo lo anterior es que urge insistir en la necesidad de mantener el  compromiso de nuestro país con la  protección a la vida y abogar por que se siga honrando, desde el inicio de la persona en la concepción, durante su  pleno desarrollo y hasta su fin en la muerte natural. 

 
Adolescencia: un tiempo de amor y desamor Imprimir E-mail

estudiantes -universitariosPor Cecilia Corbalán
Coordinadora Ejecutiva Centro UC de la Familia y Conductora programa “Construyendo Familia” de Radio María.

 

En el programa “Construyendo Familia” que el Centro UC de la Familia emite semanalmente por Radio María, intentamos entregar herramientas útiles a los padres de familia para ayudarlos en su proceso de crianza y de construcción de familia. En uno de los últimos programas tuvimos como invitados a dos sicólogos expertos en el tema de la adolescencia: Constanza Valenzuela, psicóloga y docente de la escuela de Pedagogía de la Universidad del Desarrollo y a Alfonso Cox, psicólogo infanto juvenil de la Red Salud UC Christus.

 

Ambos entregaron herramientas y consejos muy útiles a los padres para hacer frente a esta etapa de la vida de los hijos que muchas veces hace difícil la convivencia familiar y desata conflictos que, en caso de no ser bien manejados, pueden deteriorar irreparablemente la relación padre-hijo.

 

La Organización Mundial de la Salud define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, superado únicamente por el que experimentan los lactantes.

 

En el aspecto sicológico se producen una serie de cambios que podrían resumirse en la búsqueda del joven de su identidad propia. Comienzan a alejarse de los padres buscando más autonomía y a acercarse más a los amigos, identificándose con ellos y rechazando en gran medida lo que provenga de sus progenitores.

 

Es también una etapa de riesgos considerables pues los jóvenes se ven presionados por sus pares a consumir alcohol o drogas y para empezar a tener relaciones sexuales, y ello a edades cada vez más tempranas, lo que entraña para ellos un elevado riesgo de traumatismos, tanto intencionados como accidentales, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual.

 

Ante esto, los expertos recomiendan estar siempre disponibles para los hijos, no inmiscuyéndose en sus vidas, si es que el adolescente no lo desea, pero estando cerca en caso de que el joven quiera ayuda o necesite conversar sus problemas. Lo recomendable es tomarse el tiempo de recordarle que tiene siempre las puertas abiertas para él o ella, y que siempre estará disponible si necesita hablar.

 

En esta misma línea, cuando el adolescente quiera conversar, se debe prestar absoluta atención a lo que está diciendo, mirándolo y escuchándolo, sin interrupciones, pero preguntando en caso de que las cosas no le queden claras. Es muy importante que, si no esté de acuerdo con su hijo, se lo haga saber de manera muy respetuosa, no ofensivamente. No crea que sus sentimientos u opiniones son ridículos o sin sentido. Puede que usted no siempre sea capaz de ayudar cuando su hijo está triste en relación a algo, pero es importante decirle “me gustaría entender” o “ayúdame a entender”.

 

El tema de los límites y las reglas también es muy importante. A esta edad no se debe ser exagerado a la hora de poner reglas pero, las que son importantes, se deben hacer respetar. Cada familia tiene sus valores y creencias y estos deben ser respetados por todos, incluidos los adolescentes.

 

Una última recomendación importante es armarse de paciencia en estos años pues lo adolescentes pasarán por momentos difíciles y no podemos reaccionar en mala forma ante cada situación compleja. Los padres deben mantener la calma ante todo para no terminar rompiendo la relación y alejándose de los hijos pues en esta etapa es muy importante que cuenten con sus padres cuando lo necesiten.

 

 
Las deudas del proyecto de garantías de Derechos de la niñez Imprimir E-mail

niños - Archivo AgenciaUnoPor Carolina Salinas y Carmen Domínguez
Centro UC de la Familia

 

Una de las propuestas en que el gobierno ha basado su política en materia de Infancia es el proyecto de ley que crea el Sistema de Garantías de Derechos de la Niñez, que fue ingresado al Parlamento en septiembre del año 2015 y que actualmente se encuentra en avanzada discusión en nuestro Congreso Nacional.

 

El proyecto busca asegurar la protección integral y el ejercicio de los derechos de los niños en nuestro país, estableciendo la creación de un sistema de garantías integrado por políticas, normas e instituciones que estarán destinadas a velar por los menores. Aunque a primera vista es un buen acercamiento a la problemática de la infancia en Chile, resulta necesario expresar legítimas dudas  acerca de la necesidad del proyecto de ley, toda vez que al suscribir nuestro país la Convención de los Derechos del Niño se incorpora ésta al ordenamiento jurídico chileno y estimamos que la Convención debiera materializarse en leyes especiales sin necesidad de dictar leyes marco. 

 

Por otra parte, el proyecto mirado de forma general es tardío e insuficiente, atendida la urgencia con que hoy nos interpela la realidad de la niñez vulnerada. 

 

Es tardío, pues una primera constatación de la que hemos sido testigos quienes nos dedicamos al tema de la infancia, es que a más de 26 años de la ratificación de la Convención sobre Derechos de los Niños, han existido muchas iniciativas para efectuar reformas importantes; sin embargo, no han visto la luz: No se ha concretado una reforma integral, pero tampoco reformas menores que permitan subsanar problemáticas urgentes.

 

Es insuficiente, en primer lugar, por las urgencias del Servicio nacional de menores, derivadas de sus carencias presupuestarias y estructurales que deben ser atendidas con premura; en segundo lugar, atendido que no existe política real sin comprometer recursos, por lo que el proyecto será insuficiente mientras no se indiquen los gastos y recursos involucrados en la iniciativa.; y en tercer lugar, por la existencia de varios problemas que no son tocados por la ley, en especial, la garantía del debido proceso para los niños en materia de protección de derechos, mediante la creación de un Defensor de la Infancia que garantice la debida representación judicial de los niños ante Tribunales de familia y de competencia penal. En esta misma línea, el proyecto era una oportunidad para la definición del concepto de “grave vulneración de derechos” en el procedimiento proteccional de derechos, que, estando construido a nivel jurisdiccional, requiere de una mayor precisión legal.

 

A pesar que la tramitación del proyecto ya está muy avanzada y sólo resta el estudio de unas últimas indicaciones del Ejecutivo, ciertos tópicos en específico del proyecto merecen nuestros comentarios: 

 

1.Una primera afirmación de la propuesta asegura que se reconoce el rol prioritario de los padres y de la familia en el cuidado, orientación y protección de los niños. En este punto se debiese dejar clara su relación con el derecho de los padres a educar y criar a sus hijos, de manera que en el futuro no existan incompatibilidades o contradicciones entre ambos, es decir, que los niños invoquen su autonomía, por un lado, y ello no se oponga al derecho-deber de los padres de cuidado, crianza y educación. 

 

2.Adicionalmente, en el Proyecto se reconoce que los órganos de la Administración del Estado se encuentran obligados al respeto, promoción y protección de los derechos de los niños y se establece el concepto de niño, el ámbito de aplicación de la ley y reglas generales de interpretación. Finalmente se establece el principio de progresividad en el cumplimiento de las obligaciones que establece la ley. Sin embargo, si se opta por enumerar derechos, se debe hacer un catálogo más completo de estos, con la precisión de cómo se harán efectivos en la práctica.  

 

3.Debe clarificarse como este proyecto de ley se integrará con otras normas vigentes e iniciativas legislativas en curso. Así, existen proyectos pendientes en esta materia, como el que crea la Subsecretaria de la niñez y el que crea el Defensor del niño ambos radicados en el Senado. Respecto de este último, la figura de Defensor que se crea es la de un mero ente observador sin tutela, muy distinto al modelo Noruego del cual emana. Cabría preguntarse por el monto de los recursos destinados a infancia vulnerable en los servicios especializados que se pretende crear (infractores de ley y de protección), como asimismo, cuántos recursos se destinarán para afrontar la modificación a la ley sobre tribunales de familia.

 

4.Si bien sabemos que el enfoque de esta iniciativa está dado hacia los niños como sujetos titulares de derechos, con autonomía progresiva para ejercerlos, no se puede desconocer la normativa civil en esta materia. Así, no se puede regular como si los niños y adolescentes tuvieran plena capacidad para dirigirse a sí mismos y tomar decisiones, más allá de la madurez que pueden tener. En este sentido, hace falta una mención expresa a los padres, tutores, curadores, representantes legales y personas que tengan a los niños a su cuidado, para que no se pierda armonía con la legislación civil; en particular, el artículo tercero y su coherencia con las reglas de capacidad establecidas en el Código Civil ¿alguna vez se ha cuestionado que los niños sean sujetos de derechos?

 

5.Cabe destacar que dentro de las indicaciones que presentó el Ejecutivo, en el Boletín del 7 de marzo, éstas no sólo no mejoran el proyecto, sino que intentan introducir otros tópicos, como restar la protección al niño en su vida intrauterina. En efecto, el artículo 8 del proyecto disponía: “Ningún niño podrá ser discriminado en forma arbitraria en razón de su (…)”, para a continuación enumerar aspectos como la raza, etnia, nacionalidad, entre otros, dentro de los cuales estaba “desarrollo intrauterino”. Esta última expresión fue suprimida por estas indicaciones. De la misma forma, el artículo 28 señalaba: “Toda forma de maltrato a un niño, incluido el maltrato prenatal, está prohibido y no puede justificarse por ninguna circunstancia”, siendo la expresión “maltrato prenatal” eliminada. Estas modificaciones no sorprenden, considerando la agenda política detrás de ellas, que involucra la aprobación del aborto en tres causales impulsado desde el Ejecutivo.

 

Más allá de las críticas u observaciones que se le pueda hacer al documento de propuesta, resulta positivo que el Estado de Chile se esté haciendo cargo de la realidad nacional en materia de desprotección infantil; no a través de esta ley en particular, sino entendida desde los esfuerzos que involucran la aprobación de un proyecto de este tipo. Pero, por sobre todo, se debe entender que esta no puede ser una política de gobierno, sino una normativa de Estado, en donde las nuevas leyes que sean impulsadas deban satisfacer lo suficiente como para lograr una aprobación transversal que el día de mañana no se desconozca. 

 

 Es deseable ver una salida real a las urgencias actuales que no sólo consista en la aprobación de proyectos de ley. Resulta indispensable que los organismos dedicados directa y completamente a la materia, socialicen y expliciten una hoja de ruta a corto, mediano y largo plazo con los objetivos claros y todas las acciones (legales, administrativas, económicas) que se están emprendiendo. Que sepamos que este proyecto es sólo la primera etapa y que el resultado final no estará sujeto ni a disponibilidad presupuestaria, ni a un futuro gobierno que comparta la política actual, ni a que no tengamos otra catástrofe natural.

 

 

 
Buena relación Familia-Escuela = Felicidad y buen rendimiento escolar Imprimir E-mail

familia escuelaTareas para la casa, reuniones de apoderados, citaciones del Centro de Padres, Kermesses, escuelas para padres, etc., etc., etc. Todas estas actividades se transforman, muchas veces, en dolores de cabeza para los padres. Sin embargo, se ha demostrado que el involucrar a los apoderados en la educación de sus hijos tiene grandes beneficios para los estudiantes.

 

Por Cecilia Corbalán
Coordinadora Ejecutiva Centro UC de la Familia y Conductora del Programa “Construyendo Familia” en Radio María

 

Muchos abogan hoy en día por prohibir las tareas para la casa. Argumentan que los niños están cansados, sobrecargados y estresados. Sostienen que necesitan más tiempo para descansar y jugar y que, además, las tareas significan un problema para los padres que trabajan pues, dicen, ellos deben llegar en la noche, cansados, a preocuparse de las tareas y deberes escolares de sus hijos.

 

Sin embargo, dos de las especialistas en educación que participaron recientemente en el Programa “Construyendo Familia” que el Centro UC de la Familia emite los días viernes a través de Radio María, sostienen que, cuando las tareas y trabajos para la casa son bien planificados y diseñados, significan un gran aporte para mejorar la relación entre hijos y padres pues, según explican, el involucrar a los padres en la educación de los hijos mejora el rendimiento escolar y la autoestima de los niños, entre otras cosas.

 

La profesora Malva Villalón, de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile, explicó en Radio María que existen distintos tipos de tareas o trabajos para la casa. Aquellos que son planificados por los profesores dentro del contexto de las materias que se están pasando en clases, para complementar y enriquecer lo que están aprendiendo los niños en la escuela y que son enviados con la suficiente antelación a la fecha de entrega a las casas, les dan la posibilidad a los estudiantes de trabajar en conjunto con sus padres, planificando la mejor forma de resolver los desafíos que se les plantean desde el colegio. Esto, indudablemente, permite que los padres se involucren en el proceso educativo de sus hijos, ayudando al niño a resolver de la mejor manera posible la tarea. En conjunto con los niños, los padres pueden proponer ideas novedosas para realizar el trabajo, como por ejemplo, visitar un museo o conseguir libros interesantes de dónde obtener las respuestas y revisarlos juntos, estimulando al niño a aprender. Esta interacción enriquece a los niños, motivándolos a aprender con cariño y mejorando, de paso, su relación familiar.

 

Esta misma visión es la que tuvieron en la Fundación CAP cuando crearon el programa “Aprender en Familia” en el año 2010. Ellos se dieron cuenta de que al intensificar la presencia de los padres en la educación de sus hijos se producía un mejoramiento del rendimiento escolar de los niños. Revisando experiencias a nivel internacional, la Fundación proyectó un programa para mejorar la relación entre la familia y la escuela. Ese programa ya tiene seis años de vida y, hace pocos días, se dieron a conocer los resultados de la primera evaluación científica a la que se someten.

 

Teresa Izquierdo, Directora de Educación del “Aprender en Familia”, contó en Radio María que los resultados de la evaluación realizada por J-PAL (Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab), centro fundado en el MIT, demostraron que el hecho de involucrar a los padres en la educación de sus hijos mostró resultados significativos en las distintas variables evaluadas, como, por ejemplo, apoyo en el aprendizaje, convivencia en el hogar, relación padre e hijo, puntajes SIMCE, lectura, asistencia escolar y disminución de la violencia. 

 

El estudio comparó, durante tres años, a 26 escuelas municipalizadas en las cuales se aplicaba el programa “Aprender en Familia”, con otras 36 donde no se aplicó. Al cabo de los tres años, los resultados demostraron que el trabajo de fortalecimiento de la relación familia-escuela tiene un alto impacto tanto al interior de la familia como también en el propio ambiente escolar, lo que propicia que se generen interacciones más positivas y provechosas entre los padres de los estudiantes y sus profesores. 

 

Como lo señala el informe de J-PAL, el programa “Aprender en Familia” logró implementarse con fidelidad a su diseño y cumplir plenamente con su objetivo principal. Su evaluación demuestra resultados estadísticamente significativos en las dimensiones evaluadas, destacando el hecho de que los apoderados que participaron declararon contar con más y mejores herramientas para apoyar a sus hijos, además de mostrarse más involucrados en lo que les sucede; son más quienes tras el programa dicen saber dónde están sus hijos y conocer a sus amigos más cercanos. Asimismo, aumentan los padres que saben qué programas de TV ven sus hijos y se fijan en los juegos o páginas web que ocupan en el computador. Todos indicadores muy importantes para mejorar su desarrollo y aprendizaje escolar.

 

Destacó también la variable apoyo a la lectura, donde los estudiantes que recibieron el programa aumentaron su interés y gusto por leer, tanto en casa como en la escuela. También se observó un promedio más alto de días a la semana en que realizan esta actividad, ya sea con diarios, revistas o libros. 

 

Otro resultado importante de la evaluación, fue la disminución en los índices de violencia. El informe arrojó que un 12% menos de niños de las escuelas que recibieron el programa “Aprender en Familia” reconoció haber comenzado una pelea con otro compañero o haber molestado en grupo, como así también se observó una disminución al preguntar si han presenciado o sufrido golpes en su casa. Esto es corroborado por profesores quienes aprecian menos conflictos en clases y manifiestan que sus estudiantes los tratan a ellos con más respeto.

 

De esta forma, podemos concluir que, como lo demuestra el ejemplo del “Aprender en Familia”, a pesar de que muchas veces los padres estamos cansados y nos sentimos sobrepasados por las demandas que nos llegan desde el colegio, vale la pena hacer el esfuerzo. Así lo demuestran también diversas investigaciones que señalan que la participación activa de los padres en la educación de sus hijos es garantía de buenos resultados académicos (Ballen & Moles, 1994; Eurydice, 1997; CIDE – UNICEF, 2000; Akinlolu, 2002).

 

No cabe duda entonces: la invitación es a sumarse al trabajo de la escuela, ya que está demostrado que el efecto de las familias en la educación es determinante, siendo prácticamente igual o más influyente que el efecto de las escuelas al explicar los logros académicos de los niños.

 

 
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